Error al aprobar un medicamento para el Alzheimer

[This article is also available in English. Thanks to Pensar for the Spanish translation.]

La tarea de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos) es difícil. No tiene personal ni fondos suficientes. Tiene que transitar una línea muy fina entre aprobar prematuramente un nuevo medicamento que puede resultar inútil o incluso dañino y rechazar o retrasar la aprobación de un medicamento cuando una aprobación anterior podría haber estado salvando vidas. En general, siempre pensé que hacían un buen trabajo. Pero me sorprendió y decepcionó su reciente aprobación de un medicamento para la enfermedad de Alzheimer.

El Aduhelm (aducanumab) se aprobó el 7 de junio de 2021 mediante la vía de aprobación acelerada. Esa vía está destinada a medicamentos que tratan enfermedades graves o potencialmente mortales y brindan una ventaja terapéutica significativa sobre los tratamientos existentes. La enfermedad de Alzheimer califica como una enfermedad grave y potencialmente mortal, pero ¿el nuevo fármaco proporciona una ventaja terapéutica significativa? ¿Funciona siquiera? Eso sigue siendo dudoso.

La aprobación de un nuevo medicamento generalmente se basa en dos estudios positivos. Aquí tenemos uno positivo y otro negativo. Hubo dos ensayos clínicos de fase 3, ambos estudios a doble ciego. Uno mostró una reducción en el declive clínico; el otro no. En el ensayo positivo, la alta dosis de medicación ralentizó el deterioro cognitivo solo ligeramente, unos cuatro meses durante un período de dieciocho meses.

Pero ambos mostraron una reducción de las placas amiloides. El sitio web de la FDA dice que “existe evidencia sustancial de que Aduhelm reduce las placas de beta amiloide en el cerebro y que la reducción de estas placas es razonablemente probable que prediga importantes beneficios para los pacientes”.

Hay un problema con ese razonamiento. Si bien las placas amiloides se han asociado con la enfermedad de Alzheimer sintomática, todavía no sabemos si son una causa o una consecuencia de la enfermedad. Y no hay evidencia de que la disminución del número de esas placas sea eficaz para mejorar los síntomas. El único estudio positivo encontró una correlación con la reducción de los síntomas; pero no constituía evidencia de causalidad. La FDA requiere que el fabricante realice más estudios y, si esos estudios son negativos, se retirará la aprobación.

Hubo disenso en las filas de la FDA. El comité asesor recomendó que no se aprobara. Tres miembros del comité asesor de la FDA dimitieron en protesta por la aprobación. El director de la Oficina de Nuevos Medicamentos, Peter Stein, apoyó la aprobación, pero escribió en un memorando que el medicamento probablemente beneficiaría a las personas en las primeras etapas de la enfermedad. Parecía suponer que la aprobación de la FDA limitaría el uso del medicamento a esos pacientes. No lo hizo; no hay restricciones.

Mientras tanto, el medicamento está aprobado y algunos titulares lo promocionan como una cura para la enfermedad, pero definitivamente no lo es.

Muchos expertos han expresado su preocupación. El medicamento se administra mensualmente por infusión intravenosa y los pacientes deben someterse a resonancias magnéticas regulares, porque el 40 por ciento de los pacientes en los ensayos tenían inflamación o hemorragia cerebral. Muchos de ellos fueron leves o asintomáticos, pero un experto estima que 1 de cada 200 a 300 pacientes presentará efectos secundarios graves que requerirán hospitalización. La FDA no enumera ninguna contraindicación, pero los expertos recomiendan evitar el medicamento si un paciente tiene antecedentes de hemorragias cerebrales, accidente cerebrovascular o afecciones médicas inestables o si toma anticoagulantes. Y debido a que los estudios se realizaron en pacientes con enfermedad de Alzheimer leve y altos niveles de amiloide, el tratamiento debe limitarse a pacientes cuyo estado coincida con el de los pacientes en los ensayos. No hay evidencia de que sea eficaz para pacientes con enfermedad más avanzada, pero predigo que existirá la tentación de dárselo a los pacientes más afectados.

Otra gran preocupación es el precio: 56.000 dólares por año.

En mi opinión, la FDA no debería haber aprobado el medicamento hasta que tuvieran más pruebas. ¿Por qué violaron sus cuidadosos procedimientos habituales? ¿En qué estaban pensando?

Dr. Hall is a contributing editor to both Skeptic magazine and the Skeptical Inquirer. She is a weekly contributor to the Science-Based Medicine Blog and is one of its editors. She has also contributed to Quackwatch and to a number of other respected journals and publications. She is the author of Women Aren’t Supposed to Fly: The Memoirs of a Female Flight Surgeon and co-author of the textbook, Consumer Health: A Guide to Intelligent Decisions.

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